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BIOELECTRICIDAD
Dolores de cabeza, irritabilidad, disminución de la actividad sexual,
todo ello puede tener su origen en la cantidad y calidad de iones que
tenga el aire que nos rodea.

Los seres humanos, al igual que todos los seres vivos, estamos bajo
la influencia de la electricidad atmosférica, y sobre todo de los iones,
unas moléculas invisibles pero de las que parece depender nuestra
resistencia física y estado de ánimo. Por más invisible que sea el
aire, como toda materia, está formado por átomos. Al romperse el
equilibrio entre dos de los componentes de un átomo (protones y
electrones) se producen los iones. Si un átomo pierde un electrón se
convierte en un ión negativo; cuando lo gana se crea un ión positivo.
Paradójicamente, en este caso, lo de positivo y negativo se contradice,
pues numerosas investigaciones científicas realizadas durante el pasado
siglo han confirmado que una dosis de iones positivos es perjudicial para
los seres vivos, mientras que un exceso de iones negativos es saludable.
Así, estudios realizados en la Universidad de California con
cereales y vegetales pusieron de manifiesto que en una atmósfera pobre en
iones las plantas enfermaban, mientras que si eran expuestas a una lluvia
de iones negativos crecían más rápidamente de lo normal. A su vez,
otros experimentos llevados a cabo en Rusia con ratas, cerdos y conejos
demostraron que, en una atmósfera sin iones, los animales enfermaban y
llegaban a morir en pocos días.
Hoy día, la medicina moderna ha ido incorporando el tratamiento de iones
negativos en la lucha contra múltiples enfermedades. Y en numerosos
hospitales, existen salas de ionoterapia que funcionan bajo control
médico. En estos sitios se utilizan generadores artificiales de iones
negativos. Sin embargo, nada como la propia naturaleza como una fuente
permanente de este tipo de iones por lo que la mejor terapia es frecuentar
el aire libre, los ríos, bosques y playas.
Efecto sobre el organismo
En la actualidad podemos establecer que los iones
afectan de este modo al organismo:
- Sistema respiratorio:
Dado que es la vía principal de absorción de iones, es muy sensible a
cualquier alteración del equilibrio iónico. En las mucosas de la
tráquea y los bronquios hay unos pequeños cilios o filamentos que vibran
constantemente para limpiar el aire que inhalamos y filtrar los gérmenes
microscópicos que haya en él. Cuando la atmósfera está cargada de
iones negativos, estos cilios mantienen su actividad vibratoria,
eliminando las sustancias nocivas (polvo, polen, humo de tabaco, etc).
Pero cuando son positivos esta función se altera y nuestro sistema
respiratorio reacciona manifestando alergias, asma, bronquitis o,
simplemente, sequedad de garganta.
- Sistema nervioso: Un
exceso de iones positivos o un déficit de iones negativos causa un
aumento en la producción de serotonina, una hormona que poseen todos los
mamíferos y cuyo incremento provoca hiperactividad, estrés, agotamiento,
insomnio, ansiedad e incluso depresión.
- Sistema circulatorio:
El incremento de serotonina que se produce ante el aumento de iones
positivos, hace que los vasos sanguíneos se contraigan y circule menos
sangre a través de ellos, algo que perjudica nuestra salud en general.
- Actividad sexual: El
predominio de iones negativos estimula la actividad sexual y favorece la
fertilidad de hombres y mujeres. La causa fisiológica es que este tipo de
iones reducen los niveles de serotonina, la cual produce estrés, el cual
suele inhibir la libido y por tanto la actividad sexual.
- Piel: Los
iones negativos mejoran la epidermis al oxigenarla más y por tanto
influyen benéficamente sobre alteraciones cutáneas como el acné, la
psoriasis, urticaria, quemaduras, etc.
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