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La cauterización ígnea parece anterior a la acupuntura. Cuando se
calentaban cerca del fuego, los primeros chinos descubrieron al quemarse,
casualmente también, la virtud terapéutica de las moxas. La humedad de las
rutas en las que vivía y los reumatismos que eran la consecuencia de ello,
debieron incitarlos a emplear este procedimiento para luchar contra su
dolencias. Se dieron cuenta también de que una ligera quemadura provocaba una
cierta estimulación y la aplicación de esta observación fue las moxas para
tonificar.
Con las moxas, únicamente varia el modo de excitación: en lugar de la puntura,
se utiliza el calor. Esta terapéutica está muy extendida en todo oriente. La
misma palabra moxa, una de las pocas que han entrado en las lenguas
occidentales, es de origen chino. Bajo los T'ang (618-906), la moxibustión fue
una especialidad muy honrada.
Lo que caracteriza a la moxa china y hace de ella una exclusividad china radica
en la manera de practicarla. La moxa se hace sobre los puntos de acupuntura, es
decir, aveces bastante lejos de la región que hay que tratar, y la aplicación
rápida de calor sobre el punto que hay que excitar resulta de la combustión de
polvo de artemisa. Se le da forma de pequeño cono cuya base se apoya sobre la
piel y se enciende la punta. El Polvo arde sin llamarada, como la yesca. Para
atenuar la cauterización y evitar una cicatriz, los chinos interponen entre la
piel y la artemisa una lonja muy delgada de ajo o de jengibre. Ciertos
acupuntores vierten la artemisa en un pequeño cucurucho encima del punto a
tratar, No dejando aparecer mas que este en el agujero central de una arandela
de metal a fin de proteger el contorno. Inflaman seguidamente el polvo por
debajo a fin de que se consuma hacia arriba. Para obtener una acción mas dulce,
una o varias hojas de papel cebolla se intercalan entre la piel y la fuente de
calor.
" En todas las afecciones en que está prohibida la acupuntura hay que
aplicar moxas. La artemisa con que se las hace tiene el poder de extraer la
energía Yang Yin", dice el Nei King. Los chinos afirmaban que las moxas,
menos energéticas que las agujas, convenían mas que estas para los niños, los
viejos y en general cuando el enfermo esta muy debilitado o tiene una gran
delgadez. Se les atribuían propiedades afrodisiacas igualmente la de prolongar
la vida y proteger contra las enfermedades epidémicas y endémicas. Según Suen
Sseu-mo (652), los funcionarios que partían para largos viajes se hacían
cauterizar en el punto Sann Li de la pierna, como nosotros hacemos vacunar, a
fin de evitar estas enfermedades, "así miasmas, fiebres palúdicas y
veneno no pueden alcanzarlos".
En el Japón, país húmedo, las moxas fueron preferidas, durante mucho tiempo,
a las agujas. La experiencia demostraba que actuaban mejor.
La técnica que preside la colocación de las moxas es muy dedicada. El éxito
depende esencialmente de la dosificación del calor, pero también hay que tener
en cuenta: el orden de las aplicaciones, el numero de los toques (que pueden
llegar a varios centenares), etcétera. El tratamiento es en general mucho más
largo que con las agujas. "Una enfermedad de siete años de tratamiento
exige tres de moxas", dice el Tchen Tsiu I Sio (1798).
Según obras del siglo XVII, la moxa, para ser eficaz, debía provocar una
ampolla cuya serosidad se dejaba derramar. Incluso se aplicaban ungüentos
irritantes para aumentar el derrame.
Las moxas se practican poco en occidente. Cuando se emplea este procedimiento,
se utiliza aveces una varilla de metal que se moja en agua muy caliente y se
seca para obtener calor seco. Sin embargo, ciertos médicos siguen utilizando la
artemisa.
Según Soulié de Morant, que hace referencia al Tchen Tsiu Ta Tshreng, se puede
tonificar o dispersar con las moxas tan bien como con las agujas. Para tonificar
se espera a que la artemisa inflamada se apague y en cambio, para dispersar se
sopla encima de ella y se abre el punto. Pero según él, la diferencia radica
sobre todo en el número de las moxas: tres o cuatros seguidas hechas por la
noche dispersan; siete a diez por la mañana, tonifican.
Las moxas siguen siendo muy empleadas en china. En los Estados Unidos, los
médicos japoneses recurren a ellas frecuentemente y no es raro ver, en ciertos
hospitales norteamericanos, enfermos a los que les aplican moxas.
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